Oda al profesional frustrado
A veces es difícil admitir que te cuesta hacer una de las cosas que más disfrutás. A mí, por ejemplo, me cuesta escribir. Bueno, no escribir per se , sé escribir y de hecho creo que lo hago muy bien. Lo que me cuesta es inspirarme. A veces muero de ganas de sentarme frente a la computadora y tipear frenéticamente, pero ¿cómo puede una escribir si su cerebro está en blanco? Me pasa más veces de las que me gustaría admitir. No me apena que sepan que me cuesta encontrar inspiraciones, lo que me apena es seguir presentándome como una escritora por hobby a pesar de no poder escribir nada que no sea para entregar en la facultad. Y, sin embargo, lo sigo haciendo. Porque es difícil admitir que no puedo hacer algo que disfruto tanto. Y la verdad es que lo mío no es tan grave. Si quiero puedo sentarme a escribir sobre cualquier cosa para satisfacer mi necesidad de plasmar ideas en un lienzo en blanco, incluso si esas ideas son inconcisas y aburridas. ¿Pero cómo hace una persona que ama, diga...