Iruya
El viaje hacia Iruya comienza en Humahuaca: salimos temprano, con ese frío seco del norte que parece más una idea que una sensación real. La ruta se abre tranquila al principio, pero es cuando se acaba el asfalto que comienza la verdadera travesía: curvas cerradas, rutas serpenteantes tan finas que te acorralan entre la montaña y el vacío, subidas que parecen no tener fin, paisajes verdes que mutan a ocres, rojizos y dorados…, y subir, subir, subir hasta las nubes. Literalmente. Un micro que más parece un colectivo contra masas de agua condensada que lo empujan hacia atrás; afuera, un mundo blanco, y adentro, reverente silencio. No hay autobús noctámbulo que resista el camino, y quien no madruga se lo pierde. Iruya aparece entre la niebla, colorida, improbable, hermosa, un paraíso entre las montañas, oculta al paso del tiempo. Uno piensa que ya lo ha visto todo y que Salta no tiene nada más para ofrecer, pero la subida y bajada al Mirador del Cóndor demuestra que siempre hay lugar para...