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Cumpleaños #1

Hoy estamos festejando tu primer cumpleaños . No quiero ser dramática, pero se me caen las lágrimas de saber que ya llevamos un año entero de experiencias vividas; qué le vamos a hacer, tu mamá es sensible. Se me remueven muchas cosas al pensar en estos últimos 365 días (366 en realidad, ¡el año fue bisiesto!). Hubo, como con todo, cosas buenas y cosas no tan buenas. Las demandas de atención, las noches de mal dormir, las peleas con tu papá por no saber cómo manejar el estrés... Son cosas que pasan. ¿Te contamos que hasta los tres meses dormías solo con el pulgar — nuestro pulgar— en tu boca? Tu papá tenía miedo de que nunca se te fuera esa costumbre, pero vos solita decidiste cuándo dejarlo. Tan chiquita y ya nos mostrabas la principal cualidad de tu personalidad: tu determinación. Todo lo malo se vuelve insignificante si se compara con lo bueno. ¿Sabías que la primera vez que sonreíste no fue ni a tu papá ni a mí, sino que a un muñeco de monito que te había regalado la tía Clau? ¿Pe...

Carta a mi futura hija

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Ariel: Te escribo hoy con seis meses de embarazo. Veinticuatro semanas continuas en las que vos y yo somos una sola persona, y no puedo evitar sentirme agradecida por saber que aún me quedan dieciséis más para disfrutar tus patadas, tus movimientos y tus hipos antes de convertirnos en lo que estamos destinadas a ser: dos seres distintos. Aún no te conozco. Tampoco sé cuándo voy a conocerte, pero no puedo dejar de pensarte. Desde que me enamoré de tu papá fantaseé con vos. Digámosle intuición, deseo o mera locura, pero algo en mí  sabía que solo era cuestión de tiempo tenerte en nuestras vidas. Tenías nombre antes de existir. Te idealicé tanto; s e me hinchaba el pecho de amor solamente de imaginar ese positivo en el test, de hacernos esa primera ecografía, de sentir esa primera patada, de por fin tenerte en mis brazos. Te amaba sin conocerte, sin saber cuándo te conocería. El 23 de diciembre del 2022 finalmente te nos volviste realidad. Apareció esa deseada segunda rayita y no demo...

Instrucciones para bostezar

Olvidando los motivos, atengámonos a la forma correcta de bostezar, entendiendo por esto un bostezo que no imite bochornosamente los llamados de apareamiento aviar pero sin llegar tampoco a ser una simple exhalación. El bostezo ordinario consiste en una expansión incontrolada del rostro y un sonido gracioso que varía según la persona, y va acompañado en algunas ocasiones con lágrimas (no confundir con lágrimas de tristeza. Véase “Manual de instrucciones para llorar” ) . Lo primero que hay que hacer es distinguir el bostezo de un suspiro o de un eructo; los tres tienen su origen en el pecho, pero sus síntomas son muy diferentes. El suspiro se siente como una tensión en todos los músculos que se relaja lentamente en un momento repentino, y el eructo es más bien una pelota de aire que se balancea en la tráquea hasta salir de la boca con una explosión. El bostezo, en cambio, se siente como cosquillas. Para bostezar, dirija su atención hacia alguien o algo más, y si esto le resulta impo...

Si pudiera respirar bajo el agua

¿Pensaste alguna vez en cómo sería poder respirar bajo el agua? Yo sí. Casi diariamente, a decir verdad. Pienso e imagino el fondo de una pileta. Si pudiera respirar bajo el agua, me pasaría horas enteras ahí abajo. Estudiaría los rayos del sol que se quiebran y pierden en lo hondo, adoraría el manto plateado que la luna arroja sobre su superficie, y sentiría en mi piel las vibraciones que el caer de la lluvia producen en el agua. Pienso e imagino la vegetación de un lago. Si pudiera respirar bajo el agua, me escondería entre las rocas, verdes y resbalosas por el musgo, y me encargaría alegremente de desenredar cada alga que acabara enmarañada en mis cabellos. Pienso e imagino la fauna del océano. Si pudiera respirar bajo el agua, tomaría mis cosas y abandonaría sin más la vida en la superficie para irme de mochilera por el Pacífico. Jugaría con delfines, contemplaría los tiburones, observaría hipnotizada a los bancos de coloridos peces que cruce en mi camino, y aprendería sobre ...

Pelotude

Ella lo ama. Sabe que lo ama con locura, pero no sabe si él la ama de la misma forma. La confunde. En las mañanas es cariñoso y pasional, pero en las noches, cuando vuelve de trabajar, es arisco y malhumorado. Ella no sabe qué pasa durante esas horas que hacen que su actitud dé tremendo vuelco. Lo observa de cerca mientras se quita la ropa del trabajo y nota que su expresión seria no cambia en lo más mínimo, así que ella piensa que quizá algo malo ocurrió mientras estaba fuera. Se lo pregunta. De sus labios sale un: "¿cómo te fue en el trabajo?" y él responde con un insípido "bien" y se encoge de hombros. Silencio. «Bueno, eso podría haber ido mejor» , piensa, pero no dice nada y sigue observándolo. No entiende qué pasa y él no va a decirle. Es cuando lo ve interactuar con sus gatos que comienza a entender. Es tan dulce, tan hermoso y gracioso con ellos. Con ella no. Entonces la cosa no es con el mundo entero, sino con ella sola. Él no quiere estar con ella (al ...